¿Cómo llegan los Ángeles a mi vida?


Desde niña tuve capacidades espirituales. A muy temprana edad me di cuenta de que podía ver personas que ya no estaban en este plano, personas trascendidas que distinguía con claridad. Algunos querían darme algún mensaje, otros solo me miraban, incluso en algunos casos me sonreían.

Provengo de una familia de mujeres con capacidades espirituales. Mi Abuela y mi madre poseían dones de clarividencia y en el caso concreto de mi madre ella hacía sanación. No de tiempo completo pues ejercía su profesión, pero cuando alguien pedía su ayuda ella se prestaba a hacerlo inmediatamente, con excelentes resultados. Desde muy pequeña fui consciente de la existencia del mundo espiritual. Asidua a la lectura por influencia de mi madre.

Desde pequeña he disfrutado de la comunión con Dios y todo lo creado; muy integrada con la naturaleza y los animales. Cuando niña me encantaba caminar por el bosque cuando se daba la oportunidad en los paseos familiares para percibir el aire fresco, el sol o el agua sobre mi cara. Me parecía y ahora estoy segura de que cada elemento tiene vida propia.

No fue sino hasta el año de 1995 que los Ángeles se manifestaron directamente en mi vida. Siempre he sido muy abierta, muy objetiva y creo que la clave de todo se cifra en expandir la conciencia para permitir que las cosas sucedan.




La primera vez que tuve contacto con mi Ángel de la guarda, ni siquiera estaba predispuesta para ello. Esa mañana había recibido una invitación de mi amiga Adriana para asistir a una meditación de «Cimentación», cuyo propósito era precisamente lograr contacto con estos seres iluminados. En esa época yo trabajaba como conductora de un noticiario radiofónico y un programa de revista en la ciudad de Tampico, Tamaulipas, México y ese día especialmente todo se complicó, de manera que llegué a pensar que no podría acudir a la cita. Sin embargo, en cuestión de minutos todo se solucionó, de modo que contaba con una hora para llegar al lugar de reunión, meditar y finalmente regresar a la radiodifusora.

Cuando llegué había siete personas sentadas en un círculo. Habían comenzado con los primero ejercicios mentales y físicos para lograr un estado óptimo de relajación. Contrario a lo que esperaba, pues había llegado un poco agitada, entré en ese estado rápidamente. Mi mente fue concentrándose en la música que provenía de una grabadora y un cassette gastado. Recuerdo haber pensado que no había escuchado melodía más hermosa en mi vida (después supe que se trataba del Adagio de Albinoni).

Centrada en la obra musical, de pronto me visualicé corriendo sobre un arcoíris de notas musicales. Me sentí tan relajada que comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos cerrados. Mas no eran lágrimas de tristeza, sino de emoción. Sentí mi corazón desbordarse de sentimientos de amor puro e incondicional. Fue en ese instante en que vi una luz blanca, diáfana. A pesar de ser tan luminosa no me deslumbró.

Gradualmente esa luz tomó forma, aunque no alcanzaba a definirla bien, así que le pedí en mi mente que se acercara y así lo hizo. Al aproximarse, vi un ser de luz. Puedo asegurar que era inmensamente hermoso aunque no puedo compararlo con nada que haya visto en este plano.

Ciertamente no tenía alas, pero era bellísimo, perfecto. En ese momento me transmitió un mensaje telepático que curiosamente daba respuesta a un cuestionamiento que me formulaba de forma recurrente. En ese entonces me preguntaba cómo sería la muerte física. Había perdido a mi madre, a mi hermano y mi abuela en un solo incidente y me inquietaba pensar qué habrían encontrado del otro lado. En ese momento no formulé dicha pregunta; ni siquiera la recordaba, pero aparentemente a ese ser le parecía importante darme una respuesta.

Me dijo: «La muerte es hermosa» y agregó: «Te amo»; acto seguido me invadió nuevamente esa luz destellante y juro que pude sentir cómo me separaba de mi cuerpo físico y empecé a flotar. Estaba con este ser en su esfera; es decir, en su mundo. No sentía peso ni preocupación alguna, solo una sensación de libertad absoluta. Desde el primer momento descubrí que podía comunicarme con él telepáticamente sin dificultad. Él me conducía. Todo transcurría de forma muy natural. Recuerdo haber sentido el vaivén del viento sobre mi rostro. En ese momento me dijo: «No temas a nada porque todo obedece a un orden divino».

Dijo también: «Tú eres mi conexión con el mundo físico, así como yo soy tu conexión con el mundo espiritual», y añadió: «Yo siempre estoy a tu lado». Recuerdo que en ese lugar los colores eran vívidos, pero predominaba el tono verde agua.

Pude ver a más seres como él y otros que daban la impresión de ser aún más grandes, más altos, todos bellísimos en su mismo concepto. En un momento me dijo su nombre y luego lo escribió en mi mente con letras blancas para que no existiera margen de error. Había perdido la noción del tiempo y francamente no me importó, ¡estaba tan feliz! Era como si le conociera de siempre. Me dijo: «La transición no necesariamente tiene que ser destrucción. Si ustedes lo quieren, puede significar un incremento en su nivel de conciencia». Cuando mencionó la palabra ustedes, reflexioné que se refería a la humanidad. Luego, me transmitió un mensaje más: «Vive en el amor infinito». «Sé como una flor» y enseguida: «Ariadna, tienes que regresar». Antes de que pudiera pensar nada, me vi envuelta en una especie de retroceso a rápida velocidad, tal como si cayera de un piso muy alto al vacío, pero no había en mí sensación de miedo. Sentí con claridad cómo accedía en mi cuerpo y entonces abrí lentamente los ojos.

Lo primero que vi fue el tirol del techo de aquel salón donde nos habíamos reunido para meditar. Lentamente fui concientizándome del entorno y en principio me pareció muy denso, demasiado limitado en comparación a lo que había sentido. Miré a mi alrededor y reparé en cada una de las asistentes, sentí un inexplicable lazo de amor por cada una, aunque varias de ellas no las había visto antes. En ese momento, Adriana (mi amiga y guía de la meditación), dio por terminada la sesión pidiéndonos que abriéramos los ojos, etc. Miré mi reloj, habían transcurrido veinte minutos. Después ella se dio a la tarea de preguntarnos cuál había sido nuestra experiencia. Cuando tocó mi turno solo atiné a decir: yo conocí a mi ángel, pero cómo podía describir con palabras lo que había visto y experimentado. De acuerdo al trabajo que desempeñaba como locutora siempre me preocupaba por ampliar mi léxico, cualidad loable en todo comunicador, pero en ese momento las palabras me fueron insuficientes.

Aún ahora que relato lo sucedido me parece de esa forma.

¿Me cambió la vida?, sí. Muchas cosas cobraron sentido y otras lo perdieron, el materialismo por ejemplo dejó de ser tan importante. En cambio, surgió con mucha fuerza la necesidad de ser útil en esta vida, de dar plena justificación a mi existencia. Comprendí por qué no me fui con mi familia el día que ellos trascendieron. Ellos habían cumplido su misión y la mía apenas comenzaba. Ellos estaban bien y llenos de luz, me quedó claro. Por supuesto que perdí el miedo a la muerte. Al principio no sabía cómo compartir esta luz, esta bendición, esta grandeza.

No obstante, después de esta vivencia, seguí comunicándome con mi ángel guardián a través de la escritura inspirada. Uno de los mensajes más reveladores que recibí de mi ángel con esta técnica fue: «Tú formarás parte del cambio que abarcará las naciones» En ese entonces yo no tenía ni idea de que dedicaría mi vida a difundir el tema de los ángeles en diferentes medios de comunicación, cursos, conferencias, e incluso en foros internacionales.

Ahora recibo mensajes de mi ángel, otros ángeles y los arcángeles, tanto para mí, como para otras personas. A eso se le llama <<canalización>>.

Ya han pasado más de 20 años desde aquel 7 de diciembre de 1995. Después de mi primer encuentro con mi Ángel guardián, después llegaron otros ángeles y Arcángeles, incluso el Maestro Jesús, al grado de que hoy sé cuándo canalizo con alguno de ellos y me siento inmensamente bendecida de cultivar este contacto a través de la meditación y la visualización para así ayudar a otras personas a contactar a los ángeles y arcángeles, hacerles llegar sus mensajes y que a su vez cada persona descubra su potencial y al encender su luz interior, contribuyan a encender la luz en otros corazones. Canalizo mensajes tanto para mí como para las demás personas.

Creo firmemente que cada uno de nosotros nació para dejar un legado de su paso por este mundo. Vivo con intensidad y me gusta inspirar a otros a vivir de esta manera pues, para mí, la existencia material representa una maravillosa oportunidad de aprender, de ser, de hacer, de dar, de recibir, creer y crear. De transformar y despertar del letargo que a veces nos generamos. Tengo una familia hermosa y unida y el más grande legado que mi madre nos dejó, además de nuestra unión, es: Vivir sin temor, entregarte a lo que haces, hacer el bien, resplandecer, vivir de cara al mundo, de frente, con seguridad y fortaleza y sobre todo ser inmensamente amorosa.


ARIADNA TAPIA

739 vistas
Picture1369.png

© 2019 Foro Internacional de Angeología - Derechos Reservados.